Existen muchas variedades de esta planta anual, las dos que yo tengo son la variedad plumosa y la variedad cristata. La primera florece en forma de penacho que recuerda a un conjunto de plumas en diversos colores. La segunda tiene una floración en forma de cresta de gallo, nombre con el cual también se conoce.
Los cuidados en ambas son similares. Se trata de una especie de origen tropical con inflorescencias de colores muy llamativos: naranjas, fucsias, rojos y amarillos, principalmente. Son plantas de floración estival, ya que requieren climas cálidos, y no toleran el frío ni las corrientes de aire. Las flores pueden llegar a durar varias semanas.
Su exposición preferida es a pleno sol, con riegos frecuentes de forma que el sustrato se conserve húmedo, pero no encharcado, ya que se pudrirían sus raíces. También aprecia la humedad ambiental.
Resultan imprescindibles para dar colorido a la terraza, patio o jardín durante los meses de verano e incluso principios de otoño.
Son fácilmente multiplicables mediante semillas, sobretodo la variedad plumosa, sembradas a finales de primavera cuando ya no haya peligro de heladas, pudiendo hacerse directamente en la maceta definitiva. Suelen florecer a los tres meses aproximadamente de haberlas sembrado.
Es bueno abonarlas durante el verano, cada 20 días, con abono de floración. También mejora la floración si vamos eliminando las flores marchitas. Pueden utilizarse como flores secas para centros de adornos, cortando y dejando secar sus flores boca abajo.
Pueden ser atacadas por ácaros en climas secos. Con los primeros fríos la planta muere.
La aparición de oidio en la planta es de difícil tratamiento. Es mejor eliminar los ejemplares afectados.








